lunes, 7 de abril de 2008

El conocimiento mítico

El conocimiento mítico
Dentro de este tipo de saber incluímos una vasta gama de inquitudes humanas, desde las supersticiones hasta las mitologías y las religiones monoteístas, las que, si bien son diferentes entre sí en muchos aspectos, comparten no obstante el hecho de constituír una forma de conocimiento distinta al saber cotidiano, y cuyas características enunciamos a continuación.
1) El saber mítico es explicativo.- Quizá los antiguos sabían como hacer para matar a ciertos bichos que comian la cosecha, pero no sabían como hacer que llueva para que la cosecha no se perdiera. El saber cotidiano revela aquí toda su impotencia frente a cuestiones que están más allá de sus posibilidades reales: no puede recurrir ni a la experiencia ajena porque sus padres no saben como hacer llover, ni a la experiencia propia porque una vida no le alcanza para descubrir como controlar la lluvia.
El hombre decide entonces inventar una causa para actuar sobre ella y producir el efecto deseado. Tal vez se pueda hacer llover si en las noches de luna llena duermo con un sapo muerto debajo de la cama (solución supersticiosa), o si invoco la clemencia o los favores del dios de la lluvia (solución religiosa). Como vemos, el hecho de inventar una causa de la lluvia es ya plantearse una explicación para la mísma: llovió porque dormí con el sapo o porque un dios tuvo clemencia de mi pueblo. No se trata ya, como vemos, de una explicación superficial sino de una explicación más profunda, fundada en vínculos de causa-efecto mágicos.
Dotado de esta nueva herramienta explicativa, y tal vez motivado también por su afán su curiosidad, el hombre se lanzó a partir de allí a explicaciones más vastas, como dar cuenta de los orígenes del universo, del hombre o de los animales, naciendo así los diversos mitos de la humanidad.
2) El saber mítico es práctico.- No obstante, lo que prevalece en el saber mítico es la finalidad práctica sobre la especulativa. Cada vez que se necesitaba resolver una situación concreta y el saber cotidiano nada podía hacer, se recurría a actitudes superticiosas o religiosas.
3) El saber mítico es dogmático.- Nada más dogmático que una creencia supersticiosa o religiosa. Se trata de 'ilusiones' en un sentido similar al freudiano (3), es decir, una creencia muy particular porque en su motivación u origen se esfuerza el trabajo del deseo, lo que implica que el sujeto mantiene su creencia a pesar de que la realidad objetiva le dice lo contrario.
En efecto, el sapo debajo de la cama no es la causa de la lluvia, y a pesar de que el campesino duerme con él, no siempre llueve (esta es la realidad objetiva). Su creencia inconmovible en el sapo hace entonces que no la abandone e invente entonces explicaciones ad hoc para justificar el fracaso, como por ejemplo pensar que el ritual no se realizó con la debida exactitud ni el debido orden en los pasos. Tal vez la complejidad de ciertas rituales sirva a este propósito de poder encontrar fácilmente explicaciones que permitan mantener la creencia cuando fracasan los intentos por controlar la naturaleza.
Acerca del por qué este saber es dogmático, podría pensarse que es la última oportunidad que el hombre siente que tiene a su disposición para dominar los acontecimientos del mundo, lo que lo fuerza a creer en él más allá de toda consideración de la realidad objetiva.
4) El saber mítico es mágico.- El carácter mágico de este saber reside en el tipo de explicaciones que plantea, es decir, explicaciones que, no solamente están no están fundadas en los hechos, sino que además invocan vínculos mágicos de causa-efecto, como lo hemos ya indicado.
El pensamiento mágico implica el convencimiento de que de cualquier cosa puede salir cualquier otra cosa: así como de una galera puede salir un conejo, de un sapo puede salir la lluvia o de una invocación religiosa un deseo realizado. No es lo mismo creer en la magia que creer en el azar, donde también de cualquier cosa pueda salir cualquier otra cosa: la diferencia está en que en el pensamiento mágico hay un fatal determinismo de que de cierta cosa saldrá obligatoriamente otra, mientras que el azar es todo lo contrario (indeterminismo): de algo no se sabe que saldrá.
En el plan general de la evolución de un tipo de conocimiento a otros, el saber mítico representa por un lado un retroceso, porque se pasa de un conocimiento fundado en la experiencia a un conocimiento mágico, pero por el otro lado representa un avance por ser el primer saber que se propone dar explicaciones, es decir, responder a un porqué, ahondar en el conocimiento de la realidad más allá de lo fenómenico y de la experiencia inmediata.